
viernes, 30 de noviembre de 2007
La gárgola grita en las alturas que el arcangel duerme con su espada en la cabeza del valle junto al río que nombra la tierra
PALABRAS PERDIDAS!!!!
ARRASTRADAS POR LA VORÁGINE DEL CAOS
SIEMBRAS DE MAL AVENTADO
MALDITO DESIGNIO DEL ALQUIMISTA
MALDITO DE ALSI
Las musas en los brazos del cancerbero
De cabellos de plata y voz de experiencia
El espíritu de un pueblo
El cancerbero férreo muro de manos fuertes
EL CONSEJO DE LA VOZ DE LOS TULIPANES
UN LEÓN DE ESPÍRITU BILBO
Los ojos del halcón ante el camino a microrroma
La anchura del cielo
Ronda la barca por llanto
Las palabras perdidas del bardo por su descuido
Maldito él y maldio su orgullo
El antifaz de plata y la rosa del antifaz
El sueño del pastor de rebaños del cielo
Amante eterno de Luna en su sueño
El cristal de Luna
Palabras secuestradas bajo la voluntad que las hila
Libres en su vuelo libre
retorcidos cordajes en mano artesana
Los viejos oficios del canto de un pueblo
De su voz y su labranza, de la trilla y recogida
La canción de los monteses, ante la alta torre de horas
El poeta que canta en los campos
MUERTE DE LA VIDA Y VIDA DE LA MUERTE SIN TÍ
HOY CANTO A LAS PALABRAS ANTES MUERTAS
DE MIS MANOS EN ABORTO PARIDAS
SU VOZ QUE AMARTILLA MI ALMA
EL ECO EN SU SOMBRA LA RECONCOME
Luna muerta de la mano de Selene
Las palabras antes del sueño de las musas de gracia
La dama de picas en manos de baraja
barajas en sus manos
Las cartas que giran, como versos del trovador
LA MAGIA DE LA PASIÓN, SIENTELA!!!!
REFULGE ABRASANTE
EL AFORO DE MEDIO COLISEO
Y LAS GARCOLAS DE FRÍA PIEDRA
Del vuelo que escapa de mis manos
Altas en sus torres, las torres de Alsi
La fría piedra quebrada
El llanto quejadumbroso en la noche
Crujir de carne inherme
Y Bajo ellas las picotas que siembran el valle
El verde lecho de un arcángel
San miguel de espada refulgente de fuego
Envuelta en manto de piedra
Al lado del rio que nombra la tierra, que cae de la montaña
Palabras estas que no escapan presas del cepo
La locura, caballo de pasión domado
PASIÓN, PASIÓN, PASIÓN
QUIERO GRITARLO
El libre vuelo, y el cepo de castigo
La picota tetrafronte descanso del Bardo viajero
Reposo de los trovadores
Bajo la mirada de la Santa Maria
Ante el csmino del emperador podrido
Sobre el cementerio de animas recorrido en camino inverso
Subiendo por el camino hacia el castigo
Y las cumbres nevadas
Anhelo de los tercios de los mitos de un Imperio
LOS IMPERIOS, SIEMPRE LOS IMPERIOS
En la vorágine de los ríos muertos
Cantos de Luna muerta
Ante las alturas de las torres de Alsi
Donde reposan los restos de las gárgolas
La espada del guerrero y la cadena
El arcangel en su soporte de piedra
LAS MUSAS, LAS TRES GRACIAS, Y UNA PERDIDA
NO VINO POR LOS CAMINOS
LA GUARDÓ LO QUIETO
Un pilar de piedra en medio del camino a las tierras de un pirata
El señor amante de Teresa, de su canto a Teresa
Uno y mil diablos
Son los que evocan los cantos
La voz de las Bestias
los rugidos del alma esclava, presa de la estupidez maldita
La flecha saetera
En el corazón de la princesa
EN EL CORAZÓN, HASTA EL DE LA DIOSA
La flecha maldita
como la voluntad del alquimista maldito
Bienintencionada, pero mal dirigda
Esclavos de las voces que los atruenan
Que griten altos los profetas perdidos de la diosa
El vuelo de un pegaso
La frase recobrada
El dragon al partir de la montaña
El suño de la luna que esta noche nos lleva
Abrazados, amor, por la lujuria
La madre del flechero gamberro
de voluntad incuestionable
El abrazo de lalujuria y la razón
Las voces de eco de pasión
Los goces de los amores pasados
El contrapeso de alma del sereno maestro
La paz con su pasado cruzado
El caballero que calvó pluma y espada
Encontrado entre las brumas
Lo robado por los recuerdos borrados del momento
La mirada atenta de su amada
Y las alas del arcangel puestas en tierra
Esta noche la profecia de una promesa
Un canto empezado trs el amanecer
Bajo los ojos del halcón de anchas alas
desde un extremo del cielo al otro
Y las palabras de un amigo
Recordando a una doncella de cabellos oro
Y sus sensatas palabras siempre apasionadas
Evocadas entre las menciones del caos
Ante de pasar por las tierras de los dos trovadores
La sangre del guadiana y su ribera
Tinto ante la virgen
UNA PLEGARIA
ARRASTRADAS POR LA VORÁGINE DEL CAOS
SIEMBRAS DE MAL AVENTADO
MALDITO DESIGNIO DEL ALQUIMISTA
MALDITO DE ALSI
Las musas en los brazos del cancerbero
De cabellos de plata y voz de experiencia
El espíritu de un pueblo
El cancerbero férreo muro de manos fuertes
EL CONSEJO DE LA VOZ DE LOS TULIPANES
UN LEÓN DE ESPÍRITU BILBO
Los ojos del halcón ante el camino a microrroma
La anchura del cielo
Ronda la barca por llanto
Las palabras perdidas del bardo por su descuido
Maldito él y maldio su orgullo
El antifaz de plata y la rosa del antifaz
El sueño del pastor de rebaños del cielo
Amante eterno de Luna en su sueño
El cristal de Luna
Palabras secuestradas bajo la voluntad que las hila
Libres en su vuelo libre
retorcidos cordajes en mano artesana
Los viejos oficios del canto de un pueblo
De su voz y su labranza, de la trilla y recogida
La canción de los monteses, ante la alta torre de horas
El poeta que canta en los campos
MUERTE DE LA VIDA Y VIDA DE LA MUERTE SIN TÍ
HOY CANTO A LAS PALABRAS ANTES MUERTAS
DE MIS MANOS EN ABORTO PARIDAS
SU VOZ QUE AMARTILLA MI ALMA
EL ECO EN SU SOMBRA LA RECONCOME
Luna muerta de la mano de Selene
Las palabras antes del sueño de las musas de gracia
La dama de picas en manos de baraja
barajas en sus manos
Las cartas que giran, como versos del trovador
LA MAGIA DE LA PASIÓN, SIENTELA!!!!
REFULGE ABRASANTE
EL AFORO DE MEDIO COLISEO
Y LAS GARCOLAS DE FRÍA PIEDRA
Del vuelo que escapa de mis manos
Altas en sus torres, las torres de Alsi
La fría piedra quebrada
El llanto quejadumbroso en la noche
Crujir de carne inherme
Y Bajo ellas las picotas que siembran el valle
El verde lecho de un arcángel
San miguel de espada refulgente de fuego
Envuelta en manto de piedra
Al lado del rio que nombra la tierra, que cae de la montaña
Palabras estas que no escapan presas del cepo
La locura, caballo de pasión domado
PASIÓN, PASIÓN, PASIÓN
QUIERO GRITARLO
El libre vuelo, y el cepo de castigo
La picota tetrafronte descanso del Bardo viajero
Reposo de los trovadores
Bajo la mirada de la Santa Maria
Ante el csmino del emperador podrido
Sobre el cementerio de animas recorrido en camino inverso
Subiendo por el camino hacia el castigo
Y las cumbres nevadas
Anhelo de los tercios de los mitos de un Imperio
LOS IMPERIOS, SIEMPRE LOS IMPERIOS
En la vorágine de los ríos muertos
Cantos de Luna muerta
Ante las alturas de las torres de Alsi
Donde reposan los restos de las gárgolas
La espada del guerrero y la cadena
El arcangel en su soporte de piedra
LAS MUSAS, LAS TRES GRACIAS, Y UNA PERDIDA
NO VINO POR LOS CAMINOS
LA GUARDÓ LO QUIETO
Un pilar de piedra en medio del camino a las tierras de un pirata
El señor amante de Teresa, de su canto a Teresa
Uno y mil diablos
Son los que evocan los cantos
La voz de las Bestias
los rugidos del alma esclava, presa de la estupidez maldita
La flecha saetera
En el corazón de la princesa
EN EL CORAZÓN, HASTA EL DE LA DIOSA
La flecha maldita
como la voluntad del alquimista maldito
Bienintencionada, pero mal dirigda
Esclavos de las voces que los atruenan
Que griten altos los profetas perdidos de la diosa
El vuelo de un pegaso
La frase recobrada
El dragon al partir de la montaña
El suño de la luna que esta noche nos lleva
Abrazados, amor, por la lujuria
La madre del flechero gamberro
de voluntad incuestionable
El abrazo de lalujuria y la razón
Las voces de eco de pasión
Los goces de los amores pasados
El contrapeso de alma del sereno maestro
La paz con su pasado cruzado
El caballero que calvó pluma y espada
Encontrado entre las brumas
Lo robado por los recuerdos borrados del momento
La mirada atenta de su amada
Y las alas del arcangel puestas en tierra
Esta noche la profecia de una promesa
Un canto empezado trs el amanecer
Bajo los ojos del halcón de anchas alas
desde un extremo del cielo al otro
Y las palabras de un amigo
Recordando a una doncella de cabellos oro
Y sus sensatas palabras siempre apasionadas
Evocadas entre las menciones del caos
Ante de pasar por las tierras de los dos trovadores
La sangre del guadiana y su ribera
Tinto ante la virgen
UNA PLEGARIA
La ciudad del caudillo musulmán
La tierra de los trovadores
Serenísima reina Carolina Coronado
Curzando por ella hasta la urbe
El eco de la sobria Alcazaba
La espada del pirata Espronceda
El clamor de la voz de Dyonisos
Las musas del salvaje tirso
Y frente a ella microrroma
ESENCIA DE AUGUSTO!!!!!
Delenda Carthago
El poder de los imperios
La quiebra de los tiranos
Hilan finas hojas de daga
TRAIDOR!!!!!!
Las musas y los brazos del cancerbero
De sienes de plata
De voz experta, muralla férrea
El signo de un país
La esperanza de una era
La voz de los tulipanes
blanco-rojo-amarillo-azul
de arcoíreo poder
Firme volutad, pasión juvenil!!!!
La voz de la musa, eco de anhelo
El perdido beso en el viento
El brillo de su mirada
Guárdalo en tu corazón
Atesora cada momento
un instante eterno
El purgatorio inmenso
TIEMPO COMPRIMIDO
La guadaña que corta fino
Un tajo largo y seco
Un destello carmín
un río sin fin
La guerra que todo corróe
ambición emponzoñada
una fina espada pulida
la garra cercenadora
Un espolon rabioso
la flecha dorada
el pecho de Athena
una mala puñalada!!!
La tierra de los trovadores
Serenísima reina Carolina Coronado
Curzando por ella hasta la urbe
El eco de la sobria Alcazaba
La espada del pirata Espronceda
El clamor de la voz de Dyonisos
Las musas del salvaje tirso
Y frente a ella microrroma
ESENCIA DE AUGUSTO!!!!!
Delenda Carthago
El poder de los imperios
La quiebra de los tiranos
Hilan finas hojas de daga
TRAIDOR!!!!!!
Las musas y los brazos del cancerbero
De sienes de plata
De voz experta, muralla férrea
El signo de un país
La esperanza de una era
La voz de los tulipanes
blanco-rojo-amarillo-azul
de arcoíreo poder
Firme volutad, pasión juvenil!!!!
La voz de la musa, eco de anhelo
El perdido beso en el viento
El brillo de su mirada
Guárdalo en tu corazón
Atesora cada momento
un instante eterno
El purgatorio inmenso
TIEMPO COMPRIMIDO
La guadaña que corta fino
Un tajo largo y seco
Un destello carmín
un río sin fin
La guerra que todo corróe
ambición emponzoñada
una fina espada pulida
la garra cercenadora
Un espolon rabioso
la flecha dorada
el pecho de Athena
una mala puñalada!!!
jueves, 29 de noviembre de 2007
miércoles, 28 de noviembre de 2007
sakura...:::
para q no se pierda en eones ciberneticos
Kitsune, los ojos de la Musa
La voz y las manos del mago…
La carta vuelta como el destino
Un camino abierto sin final visto
La bruma de la duda
Tu serena caricia que calma mi angustia
Tu beso inocente que alivia mis penas
Mi bálsamo en la pena, mi canto de alegría
Mi dulce en la mañana fresca cual rocío
Mi anhelo ante mi primer sueño
¡¡¡La voz de la madre vida!!!
DE IACO ALSI
Kitsune, los ojos de la Musa
La voz y las manos del mago…
La carta vuelta como el destino
Un camino abierto sin final visto
La bruma de la duda
Tu serena caricia que calma mi angustia
Tu beso inocente que alivia mis penas
Mi bálsamo en la pena, mi canto de alegría
Mi dulce en la mañana fresca cual rocío
Mi anhelo ante mi primer sueño
¡¡¡La voz de la madre vida!!!
DE IACO ALSI
Raices
RAMAS EN EL BOSQUE
LA HOJA DE VIDA: UN HISTORIA DE ALSI
EL GRAN ESPÍRITU DEL BOSQUE LOS ENVOLVIÓ CON SUS RAÍCES. EN SU TEMIBLE CANTO EL CLAMOR DE LAS BESTIAS RETORCIÓ LOS CORAZONES… LA FURIA DE LA MONTAÑA HABÍA DESPERTADO HASTA HACER QUE LA DIVINIDAD DEL CIELO RUGIERA… ENTONCES CAYERON LAS AVES DEL CIELO
BAJO SU MANO CURATIVA LO JUSTO FUE REENERGIZADO Y LO CORRUPTO PURGADO, A LOS OJOS CELESTES EL VERDOR CUASI PARDUZCO HIZO JIRONES DE CARNE DE PROFANACIÓN.
LA INTELIGENCIA DEL BOSQUE QUEDÓ REVALADA, LAS ALMAS QUE LA RODEABAN ROTAS…
...LOS OJOS DE LA ESFINGE... En las alturas vela por el mecenazgo de Vania, aquella quien sabe de la vida.
Las raíces se entornaron entorno a las altas cúpulas, siendo altas como el mismo cielo. Se abrazaron con las ramas de sus gemelos consanguíneos árboles y el cielo se cubrió de manto verde del titán montaña. Los orochi, aquella noche escucharon con fuerza su aliento. En las copas de altos enebros resonó el picoteo del carpintero.
Entre las ramas saltaban raudos un grupo de los llamados “acechantes serbal”. Con magistral arte emanado de su comunidad con el espíritu natura, al que se unía su entrenada agilidad, corrieron prestos a reunirse con la Dama del bronce.
Por su juramento el grupo de guerreros tenía encomendada en custodia la defensa de un tótem de tribu, un bastón de mando recogido por la última gran matriarca amazona. Las palabras de Vania esta vez eran sencillas.
En el viento del boreal los sacerdotes augures venían escuchando las instrucciones y la sílfide guardiana los guiaba hasta las cuevas venerables. Ante los ocres óxidos de las pinturas de las paredes el chamán, recitando sus plegarias al alma de la tierra, se envolvía en el manto de serpiente pétrea. A sus pies, sedente, reposaba calmada una esfinge de hermoso rostro y melena morena que caía sobre sus alas.
El chamán les entregó tres plumas y partieron como acordaron reunirse con los guardianes Aggelos Esther, Ricky B. y el general Antho.
Tras ellos la esfinge, que había seguido sus pasos sigilosamente, les miró por última vez y susurró un verso recitado en tono de canción de gesta...
ESCAMAS DE FLECHA.
Mientas en Laesencia, Esther preparaba junto a Mardoqueo y Alphonso un bálsamo y acto seguido impregnaban las flechas que les había pedido apenas dos días antes el general Antho. Nadie había preguntado por el destino del cargamento. La solicitud, que había traido la heraldo Ileana, se acompañaba de un sobre lacrado con instrucciones y sello de la Dama Roushe, de su forja de Ilean.
En los siguientes tres días un grupo de grifos de Sha recogerían la carga de flechas para reunirlas junto a otro diverso arsenal. Ante Esther se presentó sin compañía alguna la Dama Rosharyo cabalgando una hermosa cuádriga de pegasos y ribeteada con los estandartes de su linaje. Ésta la preguntó por el contenido del sobre, certificándole Esther su recepción y ejecución del mensaje. Mientras en las forjas los otecnólogos dispisieron también en otro paquete el forjado de hojas de metal crystalo asi como unas placas de armadura. Rosharyo se despidió, bajó al taller y tras recogerlo con su cuádriga y dos otecnólogos teleportó el metal y armó a sus pegasos con las placas disponiendo unas bardas.
...El susurro de la esfinge provocó un canto en el campanario...
En las altas torres de la catedral de Laesencia dos salamandras que envolvían el reloj principal saltaron de sus bases acompañadas por un terceto de gárgolas tetraladas y portando cada una alabardas, que descendieron ante la Dama Rosharyo y la escoltaron.
En el campanario otras tantas criaturas suplieron la posición como en un milimétrico cambio de guardia.
Antho, dentro de la catedral mascullaba con el prelado ciertos aspectos para que fusesn transmitidos al Patriarca del sínodo. A éste también se dirigía una una fina talla que Manu, el manwattara de mortales, había guardado desde los últimos incidentes en la ciudad tras la misión a que atendía. Cuatro Hermanas-paladín la recogieron y la dispusieron el el altar dispuesto a tal fin según los rituales consagrados en los cuatro días anteriores. El prelado también entregó a Antho el pergamino de que le advirtió.
Antho salió de la catedral rumbo a Campo de Ilean, donde estaban destacadas sus tropas con mando de Laurisilva. Como fuera dicho que ésta hiciera la arenga sobre las tropas, llegado Antho marcharon hasta las franjas del Bosque de Ilovleo, distando dos días de los túmulos de las grandes emisarias. Laurisilva cruzó la gran avenida en el claro de Atheran y se dirigió hasta el altar. Depositó el medallón de las cuatro bestias, que le había entregado su hermana Inadaie en el Templo del cielo, y esperó la venida de un espíritu Kirin tal como le indicaron. Ante ella atravesando las filas de pretorianos el Kirin apareció de entre el follaje des bosque semejando a un albo caballo cubierto en su lomo con un manto de hojas y portando en sus dos cuernos sendos relicarios marcados con el símbolo del linaje Manwattara.
Antho los recogió y acto seguido los guardó prendidos entorno a un brazalete en una mochila bajo su capa. Luego le pareció ver de forma borrosa la imagen de una esfinge que se difuminó entre los ejércitos.
Al caer la tarde los “trepadores” bajaron de los árboles y Antho les saludo con gesto respetuoso. De entre ellos uno se adelantó y presentó sus respetos ante la princesa Laurisilva, aunque no gustaba que la refirieren en tal condición, y dejó caer su máscara descubriéndose como el famoso Akherum. Laurisilva le dio un abrazo y se quedó más tranquila al saberlo allí con ella. Tras él un segundo integrante también deshizo los correajes y el Manwattara Manu se mostró con rostro quieto y sereno como su nacada máscara, similar a las del Teatro Nô. Antho le entregó el pergamino y Akherum le guardó la capa junto a su equipo en su caballo.
Antho preguntó a las otras dos formas tras éstos que respondieron a sus cuestiones tan solo con este canto:
-”El llanto de guerrero porta su calavera”, “mientras su guardia levanta su estandarte orgullosa”.
Antho supo que oído esto que había cumplido la petición que le habían hecho en los salones de Exódeo. Sólo faltaba que los grifos le trajeran el encargo por el que los mandó hasta Laesencia. Esa noche se encendió una hoguera ante el templo sobre lajas de pizarra marcadas con los símbolos de cada unidad del ejército de las allí dispuestas y hechos los turnos descansaron las cinco horas que faltaban hasta la llegada del amanecer
La respuesta de Manu fue en reglón seguido a todo ello. Extrajo de su cargocinturón el biotubo que le entregara Alphonso. Antho se sorprendió, reconoció su contenido, aunque no dejaba de parecerle sorprendente. Una panacea aunque no absoluta en un pequeño bálsamo, apenas las dos gotas que decían contenían incluso el secreto de un universo. Tras Akherum y Manu, aún tres figuras “acechantes” eran las que no se habían desenmascarado. Ni siquiera las túnicas y caperuzas con que se cubrían habían sido levemente abiertas, como si los contuvieran. Silbidos en el aire susurraban en su entorno…
Este vórtice es uno más de los planos sesgados, musitaba una voz in crescendo, como saltando entre las copas de los árboles, apretada por el abrazo de la noche.
La mente de todos los presentes volaba dentro de sus cabezas alborotada, percibían el paisaje entorno a sí profundo, cargado en el aire y con sonidos en finas punzadas. Cada pulso, cada aliento del bosque parecía un inmenso pulso, como si la sagre alteraba invisibles venas bajo sus pies. Y rodeándolos el aura de un coro de esqueléticos monjes augures de las palabras que atisbaban.
Una delicada brisa de viento.
Una caricia que mecía las hojas frondosas y la melena de las bestias bajo el ancho cielo
Las alas infladas de las aves y predadores rapaces, orgullosos plumados en gloria.
Los colores resplandecientes de las alas de las mariposas, y el brillo de la sangre
Las dos gotas en un metalocanopo de la vida.
¡¡¡Shhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh… shaaaad…….inoek!!!
La voz de los orochi, que acariciaba de nuevo el monte. Manu se agachó y puso un cuchillo de plata envuelto entre en dos montones de tierra a sus pies.
Los orochi acudieron ante él, portando las capas de sus padres terraos. Los legendarios mantos de hoja se contaba que los envolvían hasta en las rutas más largas. Protegían incluso a aquellos que eran amigos del pueblo de las serpientes aunque no los llevasen puestos, estuvieran en la abismal lejanía o los ecos no endulzaban sus oídos.
El designio de la Patrona del bosque era un impulso, un verdor entre el parduzco de la hoja o el eco de una rama retorcida. El paso de un coyote ante un templo soterrado por la sangre de la jungla.
El fuego masculló. Prendido de las hojas con que del bosque lo habían alimentado restalló en un buble de brasas. Las ramas se trenzaron, se alzaron desde el suelo sobre una forma tocada con un velo. Laurisilva, miraba atenta. Las tres figuras sacaron tres frutos de sus bolsas, redondos y carnosos en simil forma a melocotones, y deshicieron sus caperuzas. Dejaron caer su prendido en escamas que envolvían parte del cuello y cabeza, como la capucha de una cobra. Dos pétalos de loto coronaban sus frentes y aros de hierro sus cuellos y también sus orejas en trenzado de pendientes.
“LA CAZADORA”
Laurisilva dispuso su lanza cuando algo en el bosque la inquieto, el pulso se le aceleró, y su pecho calmó envuelto en turbación con fuerte expector. La hija del aonida alzó el filo de sus dos cuchillos y los lanzó con la ira de una saeta contra un árbol. Los marcó entorno a una transparente figura que los apartó de un fuerte guantazo de sí. La respuesta, sin esperar, fue hacia ella materializada en la figura de una guadaña de doble hoja como un falx.
Sin problemas lo esquivó, y tomando un mechó de su cabellera lanzón de entre su envoltura dos agujas que se duplicaron y acertaron rozando la mejilla…
No hubo más ruidos. Las tres figuras que habían estado quietas ante Manu reaccionaron, siendo la de la derecha la que cayó sobre la turbación de Laurisilva, a la que abatió de un doblez en el cuello y tajo en la base del cráneo. Hiriente, la figura cayó sobre la tierra sacudiendo el légamo fangoso, humus del suelo. Sobre la rama un espíritu zorro/kitsune aplaudió solemne y arrojó hacia la dama Laurisilva un tupido refresco ante la crispación que la había hecho presa para que se relajara, lo que ésta agradeció.
Las tres figuras que se enorgullecían de ser los traidores sephe amigos de Iaco ofrecieron sus manos y los cuatro se fundieron en un estrecho abrazo. Tras ello se presento como un clérigo kitsune y vendó las heridas que Laurisilva sentía arrastrar de una batalla anterior y no consintió en revelar antes. Tras ella la figura entre el fuego termino de corporeizarse en la serena presencia de Inadaie Dama de anhelos.
ABRAZÓ A SU HERMANA, BESÓ SU FRENTE Y SU ROSTRO.
El truco no era nuevo, los dulces de corazón los conocían y a ella se lo habían enseñado Rosharyo y Roushe, sobre todo cuando querían moverse rápido entre caminos si se estaba en armonía con la vida circundante.
Un conclave de dríadas que trenzaban las hojas, las coronas de los agrestes, las bestias de la pasión, las escamas del corazón-. El rostro de una cariátide en un árbol y el beso de absolución. Los sephe dejaron sus armas bendecidas sobre el suelo, también sus mantos. Pendieron los morrales sobre las ramas que cobijaban el pasto de los caballos sobre las que los habían atado por las bridas. Les removieron éstas y los dejaron galopar pues no gustaban de ver hermanos animales asidos.
Asfole, el caballo de la manada relinchó y acarició al sephe de suave y tersa piel. Esa noche todos reposaron como habían echo en la misma antes.
Manu contuvo la respiración, consignó el biotubo y lo entregó a las dos caballeras de la estirpe de Dalon. Akherum partió al segundo día sin más compañía que la escolta de una guardia de sus seis antes de confianza.
Una semana después estaban de vuelta en la ciudad de las cúpulas de Laesencia.
Roushe los esperaba ante las puertas de aldabas broncíneas de su forja principal en la ciudad, junto al parque de los pavos por ser estas aves de azulado y verde plumaje las de vida en este lugar. Junto a ella dos kirin de delicada presencia la guardaban dejando que el sol bronceara su delicado rostro. Sobre sus cabezas cuatro pegasos de la casa de Rosharyo sobrevolaban las cúpulas y sus imponentes campanas de bronce fundido.
Decían que era éste el metal de la nobleza, pero la del alma por cuanto se forjaba y modelaba la voluntad humilde artesano que es de atesorar de amores por sus oficios.
Los Kirin miraron serenos a los sephe y estos les respondieron con reverencia prendiendo lotos de sus crines, como era costumbre de los desleales de Amma para con los “ante”.
Karhu, el capitán sephe de la unidad rebelde besó a Laurisilva, y esta le correspondió en un bonito gesto. Ahora que parece que de momento reinaba la paz en este plano eran estos días de reposo y trabajo. Las forjas seguían constantes a sus ritmos establecidos según los convenidos que Roushe, señora de placados, había ejercido hasta cumplir con los compromisos en Exódeo.
Antho pensaba reflexivo. En el fondo de su cargocinturón a su espalda guardaba con el mejor de los cuidados las placas que Rosharyo le entregase. Las pasó a Inadaie que corrió hasta la cámara más interna del taller-forja, seguida por él a increíble velocidad de vuelo. Manu les acompañó a paso más quieto, mientras los demás subían a sus estancias. Les servían de refugio y cuartel de operaciones en la ciudad, dentro del propio complejo y las atendían los propios golem de Roushe.
TALLERES DE LA CATEDRAL
En serena calma en el fondo de la habitación reposaban un grupo de ocho soldados esqueleto, con sus armas junto a sí en el suelo. Estaban próximos a sepultores de los compañeros de cruzada en donde reposaban tras los cambios de guardia.
Cuando el grupo entró envainaron los puñales que tenían pendidos al cinto salvo uno que lo entregó a Laurisilva y se retiró hasta quedar tras de ella siguiéndola. A continuación se destacó de entre ellos uno envuelto en una capa, con jirones de un sobreveste y que portaba un cetro de ébano pulido. Era un prior de Ashen, un portador de espíritus que se encargaba de que las almas de sus protegidos no sufrieran dolor.
Aunque protegían perennemente, en este caso a él le habían pedido que forzara aún más su cometido. El prior que lo había considerado no había abandonado a sus amigos y ante la llamada de Inadaie había acudido presuroso. La propia le había proporcionado la escolta de propectores que le guardaba. Éstos guerreros esqueletos se decían emanaban de la transustanciación de recuerdos de las más justas gestas heroicas. Y siempre estaban cuando se los reclamaban por justa tarea. Cuando aparecen son señal de un gran honor para con quien lo deben, en el caso de la tarea la escolta del prior.
De entre los honorables guardianes esqueleto el capitán se destacó a la vez que guardaba la figura del clérigo, y se consignó humilde cuando éste empezó a hablar.
-La dama Roushe dijo que sabía como organizarlo todo, que te esperásemos a ti y a Shannen, Manwattara Manu.
Con magistral conciencia Manu tomó la palabra con su acostumbrada formalidad y mientras hablaba mostraba en sus manos el biotubo que Alpohonzos le diese. Lo entregó al clérigo y éste lo utilizó para impregnar un icono sagrado que fue puesto sobre el contenedor de metalocrystalo que cobijaba los restos de Iaco.
El rostro del clérigo se entornó oscuro cuando comenzó a observar que el ritual parecía no surtir efecto a pesar de su cuidado proceder.
Los otros cinco esqueletos alzaron la vista hacia su patriarca, sosteniendo su sacro relicario entre sus huesudas manos. Dos de ellos colocaron sus lanzas a los pies de Manu. En respuesta al gesto una figura en el entorno, expectante e invisible hasta ese momento, se materializó. Tomó la forma de una hermosa matriarca, de vaporoso vestido y capa al vuelo. La figura se dividió en otras tres entre jirones de un viento gélido pero suave, como un coro celestial, y con voz monocorde tras susurrar una plegaria beso el contenedor. Los ojos de Iaco se entreabrieron temerosos, como buscando a tientas entre la multitud.
Lo primero que alcanzó a ver fue al espectral clérigo amigo, que pareció esbozar un gesto sereno de alegría. Tras el los esqueléticos pretorianos guardaron posición de firmes, con sus espadas entre sus manos cogidas por el filo.
Antho se adelantó exclamando seguido por los sephe traidores cuando al llegar a la altura del clérigo éste los reconoció aún con los rostros bajo sus fuertes capuchas. Nada dijo, tampoco lo musitó, solo calló con un pausado suspiro del pulmón inexistente.
El primero de los sephe desenvainó una pequeña daga de entorno a 20 cms. Los esqueletos se alteraron tomando posición de batalla pero la mano firme el capitán negó.
De un solo corte, que silbó susurrante en el aire, sendas grietas pares a él aparecieron resquebrajando el contenedor hasta dejar los restos de Iaco suspendidos en el aire.
Iaco habló desde su maltrecha figura:
-Capitán, no te dije que no volvieras, que tu misión era más importante.
Shannen y el patriarca esqueleto pensaban…
-Hicímos como me indicásteis, que os dejáramos en el vórtice
-No importa ya pues cogí lo que buscaba, toma capitán la llave y reúne a estos guardianes con sus caballeros.
¡QUE SE ABRAN LAS TUMBAS AGGELOS!, exclamó el ministro de justicia apareciendo desde la puerta con su estricto porte. Una miríada de voces resonaron en la lejanía cuando en los jardines exteriores las losas cayeron.
La figura de Iaco cambió y entrono a sus órganos se hizo carne y hueso firmemente armados. Los cinco guardines le rodearon. Una corona de hiedra envolvió las frentes de Antho y Manu, sintiendo el aura de la dulce bendición.
Todos salieron a los imponentes jardines y Antho, en las escaleras, recibió con cariño en su brazo a su leal halcón posándose. Algo pareció susurrarle, algunos contaban que era un vínculo, como el de la diosa Athena con su lechuza en calidad de familiar o confesor. Un inquisitorial manto envolvió la figura de Antho y alcanzando el final de las escalinatas corrió hasta alcanzar a Laurisilva que lo esperaba.
Laurisilva asintiendo confirmó todo lo que Antho esperaba saber entorno a la situación.
Ésta narró además el encuentro con tres patrullas junto a Akherum y como las despacharon sin problemas. Elúltimo de los escamosos guerreros señaló que irían al asentamiento de “los del bosque”…
Antho no hizo ni le dijo más, salvo que pusiera a Rosario al corriente por cuanto le atañe. Lo asoció con las tres pugnas anteriores que él mismo habia mantenido también en días pasados. Las piezas empezaron a cuadrarle aún mas todavía con exacta contingencia y se calmó al encajar que todo parecía suceder como esperaba. Temía por los sephe traidores. Sabía lo malas que resultan para algunos las decisiones que otros toman libremente por arreglo a su conciencia y se juró protegerlos.
Con una mirada serena hacia ellos estos parecieron confirmarle que con él no temían.
Más la sospecha se confirmó, y cuatro asesinos sephe se descolgaron tras su sosegada espera de las rama de las quercíneas tan amorosamente cuidadas por la propia Inadaie.
Antho no tembló ni vaciló en el pulso y dos de ellos cayeron abatidos por sus venablos paralizantes. Laurisilva sometió a otro mediante un fuerte golpe en la cadera y al restante con uno de sus martillos arrojadizos.
Manu les advirtió sobre perturbar remansos de paz con intenciones hostiles, ellos sin más remedio entre la ventaja numérica, el juego de fuerzas y restantes factores quedaron quietos. El tercero intentó en vano darse muerte frenándolo el clérigo esqueleto.
Ratificaron la situación entorno a un nutrido grupo sobre treinta caballeros esqueleto, los grandes guardianes que habían escuchado la llamada de su matriarca espiritual.
Presentaron sus respetos hacia Roushe, Rosario y por supuesto el clérigo, que era su patriarca.
LA HOJA DE VIDA: UN HISTORIA DE ALSI
EL GRAN ESPÍRITU DEL BOSQUE LOS ENVOLVIÓ CON SUS RAÍCES. EN SU TEMIBLE CANTO EL CLAMOR DE LAS BESTIAS RETORCIÓ LOS CORAZONES… LA FURIA DE LA MONTAÑA HABÍA DESPERTADO HASTA HACER QUE LA DIVINIDAD DEL CIELO RUGIERA… ENTONCES CAYERON LAS AVES DEL CIELO
BAJO SU MANO CURATIVA LO JUSTO FUE REENERGIZADO Y LO CORRUPTO PURGADO, A LOS OJOS CELESTES EL VERDOR CUASI PARDUZCO HIZO JIRONES DE CARNE DE PROFANACIÓN.
LA INTELIGENCIA DEL BOSQUE QUEDÓ REVALADA, LAS ALMAS QUE LA RODEABAN ROTAS…
...LOS OJOS DE LA ESFINGE... En las alturas vela por el mecenazgo de Vania, aquella quien sabe de la vida.
Las raíces se entornaron entorno a las altas cúpulas, siendo altas como el mismo cielo. Se abrazaron con las ramas de sus gemelos consanguíneos árboles y el cielo se cubrió de manto verde del titán montaña. Los orochi, aquella noche escucharon con fuerza su aliento. En las copas de altos enebros resonó el picoteo del carpintero.
Entre las ramas saltaban raudos un grupo de los llamados “acechantes serbal”. Con magistral arte emanado de su comunidad con el espíritu natura, al que se unía su entrenada agilidad, corrieron prestos a reunirse con la Dama del bronce.
Por su juramento el grupo de guerreros tenía encomendada en custodia la defensa de un tótem de tribu, un bastón de mando recogido por la última gran matriarca amazona. Las palabras de Vania esta vez eran sencillas.
En el viento del boreal los sacerdotes augures venían escuchando las instrucciones y la sílfide guardiana los guiaba hasta las cuevas venerables. Ante los ocres óxidos de las pinturas de las paredes el chamán, recitando sus plegarias al alma de la tierra, se envolvía en el manto de serpiente pétrea. A sus pies, sedente, reposaba calmada una esfinge de hermoso rostro y melena morena que caía sobre sus alas.
El chamán les entregó tres plumas y partieron como acordaron reunirse con los guardianes Aggelos Esther, Ricky B. y el general Antho.
Tras ellos la esfinge, que había seguido sus pasos sigilosamente, les miró por última vez y susurró un verso recitado en tono de canción de gesta...
ESCAMAS DE FLECHA.
Mientas en Laesencia, Esther preparaba junto a Mardoqueo y Alphonso un bálsamo y acto seguido impregnaban las flechas que les había pedido apenas dos días antes el general Antho. Nadie había preguntado por el destino del cargamento. La solicitud, que había traido la heraldo Ileana, se acompañaba de un sobre lacrado con instrucciones y sello de la Dama Roushe, de su forja de Ilean.
En los siguientes tres días un grupo de grifos de Sha recogerían la carga de flechas para reunirlas junto a otro diverso arsenal. Ante Esther se presentó sin compañía alguna la Dama Rosharyo cabalgando una hermosa cuádriga de pegasos y ribeteada con los estandartes de su linaje. Ésta la preguntó por el contenido del sobre, certificándole Esther su recepción y ejecución del mensaje. Mientras en las forjas los otecnólogos dispisieron también en otro paquete el forjado de hojas de metal crystalo asi como unas placas de armadura. Rosharyo se despidió, bajó al taller y tras recogerlo con su cuádriga y dos otecnólogos teleportó el metal y armó a sus pegasos con las placas disponiendo unas bardas.
...El susurro de la esfinge provocó un canto en el campanario...
En las altas torres de la catedral de Laesencia dos salamandras que envolvían el reloj principal saltaron de sus bases acompañadas por un terceto de gárgolas tetraladas y portando cada una alabardas, que descendieron ante la Dama Rosharyo y la escoltaron.
En el campanario otras tantas criaturas suplieron la posición como en un milimétrico cambio de guardia.
Antho, dentro de la catedral mascullaba con el prelado ciertos aspectos para que fusesn transmitidos al Patriarca del sínodo. A éste también se dirigía una una fina talla que Manu, el manwattara de mortales, había guardado desde los últimos incidentes en la ciudad tras la misión a que atendía. Cuatro Hermanas-paladín la recogieron y la dispusieron el el altar dispuesto a tal fin según los rituales consagrados en los cuatro días anteriores. El prelado también entregó a Antho el pergamino de que le advirtió.
Antho salió de la catedral rumbo a Campo de Ilean, donde estaban destacadas sus tropas con mando de Laurisilva. Como fuera dicho que ésta hiciera la arenga sobre las tropas, llegado Antho marcharon hasta las franjas del Bosque de Ilovleo, distando dos días de los túmulos de las grandes emisarias. Laurisilva cruzó la gran avenida en el claro de Atheran y se dirigió hasta el altar. Depositó el medallón de las cuatro bestias, que le había entregado su hermana Inadaie en el Templo del cielo, y esperó la venida de un espíritu Kirin tal como le indicaron. Ante ella atravesando las filas de pretorianos el Kirin apareció de entre el follaje des bosque semejando a un albo caballo cubierto en su lomo con un manto de hojas y portando en sus dos cuernos sendos relicarios marcados con el símbolo del linaje Manwattara.
Antho los recogió y acto seguido los guardó prendidos entorno a un brazalete en una mochila bajo su capa. Luego le pareció ver de forma borrosa la imagen de una esfinge que se difuminó entre los ejércitos.
Al caer la tarde los “trepadores” bajaron de los árboles y Antho les saludo con gesto respetuoso. De entre ellos uno se adelantó y presentó sus respetos ante la princesa Laurisilva, aunque no gustaba que la refirieren en tal condición, y dejó caer su máscara descubriéndose como el famoso Akherum. Laurisilva le dio un abrazo y se quedó más tranquila al saberlo allí con ella. Tras él un segundo integrante también deshizo los correajes y el Manwattara Manu se mostró con rostro quieto y sereno como su nacada máscara, similar a las del Teatro Nô. Antho le entregó el pergamino y Akherum le guardó la capa junto a su equipo en su caballo.
Antho preguntó a las otras dos formas tras éstos que respondieron a sus cuestiones tan solo con este canto:
-”El llanto de guerrero porta su calavera”, “mientras su guardia levanta su estandarte orgullosa”.
Antho supo que oído esto que había cumplido la petición que le habían hecho en los salones de Exódeo. Sólo faltaba que los grifos le trajeran el encargo por el que los mandó hasta Laesencia. Esa noche se encendió una hoguera ante el templo sobre lajas de pizarra marcadas con los símbolos de cada unidad del ejército de las allí dispuestas y hechos los turnos descansaron las cinco horas que faltaban hasta la llegada del amanecer
La respuesta de Manu fue en reglón seguido a todo ello. Extrajo de su cargocinturón el biotubo que le entregara Alphonso. Antho se sorprendió, reconoció su contenido, aunque no dejaba de parecerle sorprendente. Una panacea aunque no absoluta en un pequeño bálsamo, apenas las dos gotas que decían contenían incluso el secreto de un universo. Tras Akherum y Manu, aún tres figuras “acechantes” eran las que no se habían desenmascarado. Ni siquiera las túnicas y caperuzas con que se cubrían habían sido levemente abiertas, como si los contuvieran. Silbidos en el aire susurraban en su entorno…
Este vórtice es uno más de los planos sesgados, musitaba una voz in crescendo, como saltando entre las copas de los árboles, apretada por el abrazo de la noche.
La mente de todos los presentes volaba dentro de sus cabezas alborotada, percibían el paisaje entorno a sí profundo, cargado en el aire y con sonidos en finas punzadas. Cada pulso, cada aliento del bosque parecía un inmenso pulso, como si la sagre alteraba invisibles venas bajo sus pies. Y rodeándolos el aura de un coro de esqueléticos monjes augures de las palabras que atisbaban.
Una delicada brisa de viento.
Una caricia que mecía las hojas frondosas y la melena de las bestias bajo el ancho cielo
Las alas infladas de las aves y predadores rapaces, orgullosos plumados en gloria.
Los colores resplandecientes de las alas de las mariposas, y el brillo de la sangre
Las dos gotas en un metalocanopo de la vida.
¡¡¡Shhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh… shaaaad…….inoek!!!
La voz de los orochi, que acariciaba de nuevo el monte. Manu se agachó y puso un cuchillo de plata envuelto entre en dos montones de tierra a sus pies.
Los orochi acudieron ante él, portando las capas de sus padres terraos. Los legendarios mantos de hoja se contaba que los envolvían hasta en las rutas más largas. Protegían incluso a aquellos que eran amigos del pueblo de las serpientes aunque no los llevasen puestos, estuvieran en la abismal lejanía o los ecos no endulzaban sus oídos.
El designio de la Patrona del bosque era un impulso, un verdor entre el parduzco de la hoja o el eco de una rama retorcida. El paso de un coyote ante un templo soterrado por la sangre de la jungla.
El fuego masculló. Prendido de las hojas con que del bosque lo habían alimentado restalló en un buble de brasas. Las ramas se trenzaron, se alzaron desde el suelo sobre una forma tocada con un velo. Laurisilva, miraba atenta. Las tres figuras sacaron tres frutos de sus bolsas, redondos y carnosos en simil forma a melocotones, y deshicieron sus caperuzas. Dejaron caer su prendido en escamas que envolvían parte del cuello y cabeza, como la capucha de una cobra. Dos pétalos de loto coronaban sus frentes y aros de hierro sus cuellos y también sus orejas en trenzado de pendientes.
“LA CAZADORA”
Laurisilva dispuso su lanza cuando algo en el bosque la inquieto, el pulso se le aceleró, y su pecho calmó envuelto en turbación con fuerte expector. La hija del aonida alzó el filo de sus dos cuchillos y los lanzó con la ira de una saeta contra un árbol. Los marcó entorno a una transparente figura que los apartó de un fuerte guantazo de sí. La respuesta, sin esperar, fue hacia ella materializada en la figura de una guadaña de doble hoja como un falx.
Sin problemas lo esquivó, y tomando un mechó de su cabellera lanzón de entre su envoltura dos agujas que se duplicaron y acertaron rozando la mejilla…
No hubo más ruidos. Las tres figuras que habían estado quietas ante Manu reaccionaron, siendo la de la derecha la que cayó sobre la turbación de Laurisilva, a la que abatió de un doblez en el cuello y tajo en la base del cráneo. Hiriente, la figura cayó sobre la tierra sacudiendo el légamo fangoso, humus del suelo. Sobre la rama un espíritu zorro/kitsune aplaudió solemne y arrojó hacia la dama Laurisilva un tupido refresco ante la crispación que la había hecho presa para que se relajara, lo que ésta agradeció.
Las tres figuras que se enorgullecían de ser los traidores sephe amigos de Iaco ofrecieron sus manos y los cuatro se fundieron en un estrecho abrazo. Tras ello se presento como un clérigo kitsune y vendó las heridas que Laurisilva sentía arrastrar de una batalla anterior y no consintió en revelar antes. Tras ella la figura entre el fuego termino de corporeizarse en la serena presencia de Inadaie Dama de anhelos.
ABRAZÓ A SU HERMANA, BESÓ SU FRENTE Y SU ROSTRO.
El truco no era nuevo, los dulces de corazón los conocían y a ella se lo habían enseñado Rosharyo y Roushe, sobre todo cuando querían moverse rápido entre caminos si se estaba en armonía con la vida circundante.
Un conclave de dríadas que trenzaban las hojas, las coronas de los agrestes, las bestias de la pasión, las escamas del corazón-. El rostro de una cariátide en un árbol y el beso de absolución. Los sephe dejaron sus armas bendecidas sobre el suelo, también sus mantos. Pendieron los morrales sobre las ramas que cobijaban el pasto de los caballos sobre las que los habían atado por las bridas. Les removieron éstas y los dejaron galopar pues no gustaban de ver hermanos animales asidos.
Asfole, el caballo de la manada relinchó y acarició al sephe de suave y tersa piel. Esa noche todos reposaron como habían echo en la misma antes.
Manu contuvo la respiración, consignó el biotubo y lo entregó a las dos caballeras de la estirpe de Dalon. Akherum partió al segundo día sin más compañía que la escolta de una guardia de sus seis antes de confianza.
Una semana después estaban de vuelta en la ciudad de las cúpulas de Laesencia.
Roushe los esperaba ante las puertas de aldabas broncíneas de su forja principal en la ciudad, junto al parque de los pavos por ser estas aves de azulado y verde plumaje las de vida en este lugar. Junto a ella dos kirin de delicada presencia la guardaban dejando que el sol bronceara su delicado rostro. Sobre sus cabezas cuatro pegasos de la casa de Rosharyo sobrevolaban las cúpulas y sus imponentes campanas de bronce fundido.
Decían que era éste el metal de la nobleza, pero la del alma por cuanto se forjaba y modelaba la voluntad humilde artesano que es de atesorar de amores por sus oficios.
Los Kirin miraron serenos a los sephe y estos les respondieron con reverencia prendiendo lotos de sus crines, como era costumbre de los desleales de Amma para con los “ante”.
Karhu, el capitán sephe de la unidad rebelde besó a Laurisilva, y esta le correspondió en un bonito gesto. Ahora que parece que de momento reinaba la paz en este plano eran estos días de reposo y trabajo. Las forjas seguían constantes a sus ritmos establecidos según los convenidos que Roushe, señora de placados, había ejercido hasta cumplir con los compromisos en Exódeo.
Antho pensaba reflexivo. En el fondo de su cargocinturón a su espalda guardaba con el mejor de los cuidados las placas que Rosharyo le entregase. Las pasó a Inadaie que corrió hasta la cámara más interna del taller-forja, seguida por él a increíble velocidad de vuelo. Manu les acompañó a paso más quieto, mientras los demás subían a sus estancias. Les servían de refugio y cuartel de operaciones en la ciudad, dentro del propio complejo y las atendían los propios golem de Roushe.
TALLERES DE LA CATEDRAL
En serena calma en el fondo de la habitación reposaban un grupo de ocho soldados esqueleto, con sus armas junto a sí en el suelo. Estaban próximos a sepultores de los compañeros de cruzada en donde reposaban tras los cambios de guardia.
Cuando el grupo entró envainaron los puñales que tenían pendidos al cinto salvo uno que lo entregó a Laurisilva y se retiró hasta quedar tras de ella siguiéndola. A continuación se destacó de entre ellos uno envuelto en una capa, con jirones de un sobreveste y que portaba un cetro de ébano pulido. Era un prior de Ashen, un portador de espíritus que se encargaba de que las almas de sus protegidos no sufrieran dolor.
Aunque protegían perennemente, en este caso a él le habían pedido que forzara aún más su cometido. El prior que lo había considerado no había abandonado a sus amigos y ante la llamada de Inadaie había acudido presuroso. La propia le había proporcionado la escolta de propectores que le guardaba. Éstos guerreros esqueletos se decían emanaban de la transustanciación de recuerdos de las más justas gestas heroicas. Y siempre estaban cuando se los reclamaban por justa tarea. Cuando aparecen son señal de un gran honor para con quien lo deben, en el caso de la tarea la escolta del prior.
De entre los honorables guardianes esqueleto el capitán se destacó a la vez que guardaba la figura del clérigo, y se consignó humilde cuando éste empezó a hablar.
-La dama Roushe dijo que sabía como organizarlo todo, que te esperásemos a ti y a Shannen, Manwattara Manu.
Con magistral conciencia Manu tomó la palabra con su acostumbrada formalidad y mientras hablaba mostraba en sus manos el biotubo que Alpohonzos le diese. Lo entregó al clérigo y éste lo utilizó para impregnar un icono sagrado que fue puesto sobre el contenedor de metalocrystalo que cobijaba los restos de Iaco.
El rostro del clérigo se entornó oscuro cuando comenzó a observar que el ritual parecía no surtir efecto a pesar de su cuidado proceder.
Los otros cinco esqueletos alzaron la vista hacia su patriarca, sosteniendo su sacro relicario entre sus huesudas manos. Dos de ellos colocaron sus lanzas a los pies de Manu. En respuesta al gesto una figura en el entorno, expectante e invisible hasta ese momento, se materializó. Tomó la forma de una hermosa matriarca, de vaporoso vestido y capa al vuelo. La figura se dividió en otras tres entre jirones de un viento gélido pero suave, como un coro celestial, y con voz monocorde tras susurrar una plegaria beso el contenedor. Los ojos de Iaco se entreabrieron temerosos, como buscando a tientas entre la multitud.
Lo primero que alcanzó a ver fue al espectral clérigo amigo, que pareció esbozar un gesto sereno de alegría. Tras el los esqueléticos pretorianos guardaron posición de firmes, con sus espadas entre sus manos cogidas por el filo.
Antho se adelantó exclamando seguido por los sephe traidores cuando al llegar a la altura del clérigo éste los reconoció aún con los rostros bajo sus fuertes capuchas. Nada dijo, tampoco lo musitó, solo calló con un pausado suspiro del pulmón inexistente.
El primero de los sephe desenvainó una pequeña daga de entorno a 20 cms. Los esqueletos se alteraron tomando posición de batalla pero la mano firme el capitán negó.
De un solo corte, que silbó susurrante en el aire, sendas grietas pares a él aparecieron resquebrajando el contenedor hasta dejar los restos de Iaco suspendidos en el aire.
Iaco habló desde su maltrecha figura:
-Capitán, no te dije que no volvieras, que tu misión era más importante.
Shannen y el patriarca esqueleto pensaban…
-Hicímos como me indicásteis, que os dejáramos en el vórtice
-No importa ya pues cogí lo que buscaba, toma capitán la llave y reúne a estos guardianes con sus caballeros.
¡QUE SE ABRAN LAS TUMBAS AGGELOS!, exclamó el ministro de justicia apareciendo desde la puerta con su estricto porte. Una miríada de voces resonaron en la lejanía cuando en los jardines exteriores las losas cayeron.
La figura de Iaco cambió y entrono a sus órganos se hizo carne y hueso firmemente armados. Los cinco guardines le rodearon. Una corona de hiedra envolvió las frentes de Antho y Manu, sintiendo el aura de la dulce bendición.
Todos salieron a los imponentes jardines y Antho, en las escaleras, recibió con cariño en su brazo a su leal halcón posándose. Algo pareció susurrarle, algunos contaban que era un vínculo, como el de la diosa Athena con su lechuza en calidad de familiar o confesor. Un inquisitorial manto envolvió la figura de Antho y alcanzando el final de las escalinatas corrió hasta alcanzar a Laurisilva que lo esperaba.
Laurisilva asintiendo confirmó todo lo que Antho esperaba saber entorno a la situación.
Ésta narró además el encuentro con tres patrullas junto a Akherum y como las despacharon sin problemas. Elúltimo de los escamosos guerreros señaló que irían al asentamiento de “los del bosque”…
Antho no hizo ni le dijo más, salvo que pusiera a Rosario al corriente por cuanto le atañe. Lo asoció con las tres pugnas anteriores que él mismo habia mantenido también en días pasados. Las piezas empezaron a cuadrarle aún mas todavía con exacta contingencia y se calmó al encajar que todo parecía suceder como esperaba. Temía por los sephe traidores. Sabía lo malas que resultan para algunos las decisiones que otros toman libremente por arreglo a su conciencia y se juró protegerlos.
Con una mirada serena hacia ellos estos parecieron confirmarle que con él no temían.
Más la sospecha se confirmó, y cuatro asesinos sephe se descolgaron tras su sosegada espera de las rama de las quercíneas tan amorosamente cuidadas por la propia Inadaie.
Antho no tembló ni vaciló en el pulso y dos de ellos cayeron abatidos por sus venablos paralizantes. Laurisilva sometió a otro mediante un fuerte golpe en la cadera y al restante con uno de sus martillos arrojadizos.
Manu les advirtió sobre perturbar remansos de paz con intenciones hostiles, ellos sin más remedio entre la ventaja numérica, el juego de fuerzas y restantes factores quedaron quietos. El tercero intentó en vano darse muerte frenándolo el clérigo esqueleto.
Ratificaron la situación entorno a un nutrido grupo sobre treinta caballeros esqueleto, los grandes guardianes que habían escuchado la llamada de su matriarca espiritual.
Presentaron sus respetos hacia Roushe, Rosario y por supuesto el clérigo, que era su patriarca.
martes, 27 de noviembre de 2007
lunes, 26 de noviembre de 2007
domingo, 25 de noviembre de 2007
sábado, 24 de noviembre de 2007
viernes, 23 de noviembre de 2007
Sonidos glaciares!!!
CARICIAS DE HIELO, BESOS DE FUEGO
Porque tu corazón se heló, mas tu alma no.
Porque de frío toque viste antorchas de luz
El calor de las almas perdidas
Los besos que te robaron en los días de los glaciares
La serena quietud del agua
El susurro de la aurora lejana
La palabra que nunca muere en tu garganta
El trazo fino del tangente Ártico
Raudo como el ruido de un oso polar
Tan fuerte como sus garras
Tan inespugnable como en la nieve
Lágrimas abisales
La dureza de un diamante prisma
Los velos transparentes sobre los ojos vidriados
Un toque del frío señor en tus mejillas
Y un recuerdo ardiente en la eternidad
Ha de los besos que nos robaron
Las caricias en las noches ardientes
Con las manos entrelazadas
Tras las cortinas de cristal dulce
Un helado de amarga nata
Porque tu corazón se heló, mas tu alma no.
Porque de frío toque viste antorchas de luz
El calor de las almas perdidas
Los besos que te robaron en los días de los glaciares
La serena quietud del agua
El susurro de la aurora lejana
La palabra que nunca muere en tu garganta
El trazo fino del tangente Ártico
Raudo como el ruido de un oso polar
Tan fuerte como sus garras
Tan inespugnable como en la nieve
Lágrimas abisales
La dureza de un diamante prisma
Los velos transparentes sobre los ojos vidriados
Un toque del frío señor en tus mejillas
Y un recuerdo ardiente en la eternidad
Ha de los besos que nos robaron
Las caricias en las noches ardientes
Con las manos entrelazadas
Tras las cortinas de cristal dulce
Un helado de amarga nata
jueves, 22 de noviembre de 2007
miércoles, 21 de noviembre de 2007
martes, 20 de noviembre de 2007
lunes, 19 de noviembre de 2007
domingo, 18 de noviembre de 2007
sábado, 17 de noviembre de 2007
viernes, 16 de noviembre de 2007
jueves, 15 de noviembre de 2007

Ese dia que la sacerdotisa supo que el lobo demonio no la habia engañado quedo resentida, mas un tierno angel le dijo
-¿Es que temes qde la duda cuando es ella la que cuando se despeja te enseña la alegria del camino?-
La sacerdotisa corrio bajo las hermosas flores de cerezo hasta alcanzar la montaña del sobrio templo, allí estaba su amigo, confidente y amado...
Lo miro a los ojos, delicadamente, casi envuelta en lágrimas.
El le responbdio con una dulce sonrisa que le arranco los colores
Ella dejó su arco en el suelo y se sentó junto a él
Sintio junto con su amado que no habia paraiso mas hermoso que aquel.
En verdadestosson los mejores regalos!!!!
Los momentos junto a los que estamos junto con nuestros seres queridos y amigos
asi pues ya sabes, atesoralos en el baúl de tu alma, y cuando la pena te atrape
sácalos sin miedo, recordando por que crees en lo que crees.
Sobre todo cuando haces las cosass porlus tuyos, tu alma siempre agradece estas
alegrías y tu salud mucho más
Para quienes saben lo bueno que son los sueños...
Corrímos raudos por los caminos que el destino dictaba, pero nuestras voluntades eran puras. Los ojos de la sacerdotisa brillaron con un destello único. Todos los alli presentes q el momento estaba en el camino, ante nosotros, y fresco como una rosa recien cortada.
La palabras de la diosa nos animaron, nuestras almas se inflamaron de pasión y entonces supimos que el miedo nacia de nuestra ilusion. Y por todo ello supimos q nuestra cusa era justa, no como el loco demente que cree en su egolatría sino por las pasiones del alma.
La palabras de la diosa nos animaron, nuestras almas se inflamaron de pasión y entonces supimos que el miedo nacia de nuestra ilusion. Y por todo ello supimos q nuestra cusa era justa, no como el loco demente que cree en su egolatría sino por las pasiones del alma.
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